Entrevista de Marcos Ordoñez a José Luis Gómez en el Blog de "El Pais" el 9-2-2012.


Un actor que había trabajado con usted en la primera época de la Abadía me contó que espectáculos como Entremeses o Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte se trabajaban durante ocho o nueve semanas, complementados con clases específicas e investigaciones acerca del material elegido. 

Por desgracia, poco a poco tuvimos que ir acortando todo eso. Cuando comenzamos Entremeses nos dimos cuenta de que los textos de Cervantes exigían casi intersticialmente una determinada calidad de juego. Cuando digo “intersticialmente” me refiero a las pausas, los puntos, la separación de las oraciones… todo lo que no es el texto “argumental”. Intentábamos darlo con la mayor naturalidad, pero no había forma de trincarlo: nos salía algo muy común, muy plano, se nos escapaba la gracia. Yo tuve la suerte de traerme a la Abadía a María del Mar Navarro para que se ocupara del departamento de movimiento escénico e improvisación.
María del Mar era discípula “especial” de Lecoq. No sé si sabes que en la escuela de Lecoq están los discípulos a secas, como fui yo, y aquellos a los que elige para que impartan sus enseñanzas, y que son contados. Tampoco abundan, por cierto, los españoles. Lecoq elige a esos discípulos “especiales”, los pone a su lado en las clases y les va diciendo: “¿Te has dado cuenta de porqué no se le puede decir esto al alumno? ¿Te has dado cuenta de que ahora hay que hacer esto otro?”. Allí hizo María del Mar los dos años “profesionales” y el año “pedagógico”, y al acabar se convirtió en uno de los pilares de la Abadía. Cuando estábamos con los Entremeses paré los ensayos y le dije: “Mira, esto no va en la buena dirección. Quiero que nos montes un curso de un mes con todas las cosas de improvisación, de cuerpo, de juego, de comedia, que nos había enseñado Lecoq, pero dejando completamente de lado el texto de Cervantes”. Una vez acabado el taller les dije a todos: “Muy bien. Ahora volveremos a coger el texto. Pero no quiero ver ni una huella de comedia del arte ¿eh? Borradlas por completo”. Buscábamos una cosa que era muy difícil de atrapar. Nos preguntábamos: “¿Cómo lo harían los cómicos de la época de Cervantes, cual sería su perfume, su marca de fábrica?”. Nos guiamos por las descripciones de Agustín de Rojas: un juego ingenuo, muy directo, muy vivo. Y queríamos dar también, con la máxima claridad y la máxima sencillez, la esencia de Cervantes, esa singularísima mezcla de inteligencia, sentido común y buen ser. Costó mucho alcanzarlo, pero creo que en buena medida lo conseguimos y que valió la pena.
                                                                                                                                                                          Volver.

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